07 enero 2011

Ley Antitabaco: Sí, pero con matices

En este país somos expertos en polarizar hasta límites insospechados todos los asuntos, generando dos bandos que durante un tiempo se tiran los trastos a la cabeza de forma casi irracional. No hay tonos grises, sino defensores del blanco o del negro sin más. Ha vuelto a suceder con la nueva ley antitabaco, que prohíbe su consumo en todos los lugares públicos. Con su entrada en vigor, aunque se aprobó hace varios meses, se han formado dos ejércitos para defender su causa a toda costa: los que creen que se trata de un ataque contra la libertad individual y los que la ven como una medida justa, tras años soportando el humo de los demás a diario.

Estoy un poco cansado ya de esa forma de afrontar los debates, como si hubiera que elegir el bando y sacarse de la manga todos los argumentos posibles para defender la causa. En mi caso, respaldo totalmente una medida que suponga reducir el consumo de tabaco en lugares públicos, aunque no la forma en que se ha planteado por parte del Gobierno. Vayamos por partes:

Como decía, estoy absolutamente de acuerdo con el endurecimiento de una ley que viene a sustituir a una normativa que no la cumplía prácticamente nadie. No es justo que un no fumador tenga que respirar el humo de otros, sin más. Los contrarios a la nueva norma, defienden que es un ataque contra la libertad personal de cada uno. Para aquellos, yo les recordaría la sentencia de J. P. Sartre: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”. 

Partiendo de esa base, rechazo la forma en que se ha gestionado y puesto en marcha por parte del Gobierno. Y la clave está en un dato: seis de cada diez euros gastados en esa droga legal van a las arcas públicas. Con tanto dinero en juego, se saca a relucir una doble moral lamentable, pues se prohíbe directamente su consumo, pero a la vez se fomenta la venta, permitiendo que en bares y restaurantes (aquellos que se las tienen que ingeniar para darle cabida a los fumadores en el exterior) y, de nuevo, en las gasolineras se pueda expedir sin ningún problema. Y junto a ello está la salud pública: si la administración esgrime que es una defensa de la salud de los fumadores y no fumadores, ¿dónde está la inversión pública para reducir un consumo muy lucrativo de una sustancia que provoca 4 millones de muertes al año en todo el mundo? ¿Dónde están los cursos y terapias para dejarlo, pagadas con lo que se recibe de la venta?

Es lamentable que un Estado se trate de limpiar la conciencia ensuciada durante años de recaudaciones millonarias con el tabaco con una ley que no contempla medidas para reducir su consumo. Por tanto, yo digo: Sí a la ley antitabaco, pero ayudando a los millones de fumadores, hoy marginados totalmente, a dejarlo.
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1 comentarios:

Adolfo dijo...

Yo, como tú, estoy de acuerdo con esta ley. Pero creo que es una ley que se está aplicando tarde, una ley que debería haberse aprobado en lugar de la anterior.

Ahora muchos de los problemas de la actual ley se achacan a la antigua, por ejemplo los gastos que muchos bares y restaurantes tuvieron que hacer para adaptarse a ella. Algunos ven en esta ley una derrota del gobierno que vio como la que aprobó hace uno años no sirvió para mucho, otros un escarmiento hacia aquellos bares, la gran mayoría, que decidieron permitir fumar a sus clientes.

Pero en lo que muchos no reparan es que una ley de este tipo es necesaria, la mayoría de locales públicos eran “zonas de fumadores” donde los no fumadores perdían su derecho a la salud, siempre estaba la frase de “búscate uno donde no se fume” pero eso era harto complicado hasta el 2 de enero, tenían que adaptarse a los gustos de unas personas que, aún siendo unos cuantos millones, son minoría.

Ahora se prima el derecho a la salud sobre el derecho de algunos a disfrutar de su cigarrillo. Pero claro, la gente ve recortados sus derechos como ciudadanos independientes, clama contra una ley que les impide seguir fumando en lugares que deben ser aptos para todos. Y nadie parece entender que lo más lógico es justamente que no se fume en espacios comunes, que prime la salud de todos por encima del gusto de algunos. Tampoco podemos circular con nuestros vehículos a la velocidad que nos de la gana, pues pondríamos en peligro nuestra integridad y la de los otros usuarios de las vías.

En cuanto al doble juego del Gobierno con respecto al tabaco, es cierto que el planteamiento “Prohibición y venta para recaudar” no es el mejor si lo que se quiere es ayudar a los fumadores a dejar de serlo. Un consejo le daría: Aprovechen las multas que van a poner con esta nueva ley para crear programas eficaces de ayuda contra el tabaquismo, comiencen una lucha REAL para la erradicación del tabaquismo y de la necesidad de venta de este tipo de productos.

Si esto hicieran, se ganarían el respeto de muchos de los que hoy les critican.

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