16 mayo 2010

El casino del capitalismo no cierra

Fue el causante de la mayor crisis económica y financiera del siglo. Sus arriesgadas apuestas y sus juegos malabaristas provocaron el  mayor colapso desde el crac del 29. El casino en el que se convirtieron los llamados mercados financieros (con Wall Street a la cabeza) fue el epicentro de un terremoto con miles de réplicas que han sacudido al mundo entero. Desde que estallara la burbuja generada por las hipotecas de alto riesgo, aquellas que se entregaban a los llamados por Leopoldo Abadía ‘ninja’ (no incoms, no jobs, no assets, es decir sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades), han pasado casi tres años y no ha habido ni una sola reforma en profundidad de un sistema profundamente injusto e irresponsable en el que, como en cualquier casino, siempre gana la banca.


La avaricia de los poderosos y su presión a los gobiernos han dejado en suspenso una necesaria regulación a fondo con la que se haga casi imposible que ocurran sucesos tales como:
Todo ello ha ocurrido porque en este mundo de la especulación en que se han erigido los mercados financieros los bancos son, como dice en este artículo de Claudi Pérez en EL PAÍS, “el casino, los grandes apostadores, los agentes de los pequeños apostadores y donde casi tienen mano con el croupier”. Siempre ganan y para ello hacen lo que sea, incluso, fabricar unas entidades llamadas agencias de calificación a las que utilizan para hundir o disparar cotizaciones a su antojo.

Y lo más grave de toda esta desregulación es que, finalmente, los que pagamos el pato somos los que no hemos comprado en nuestra vida uno de esos ‘paquetitos basura’… Los principales perjudicados son los ciudadanos que contemplan cómo los excesos de los poderosos, con el beneplácito de los gobernantes, han hundido una economía basada en una escandalosa especulación.

Hoy los responsables públicos han perdido el control sobre ese casino… La soberanía la tienen otros y se ha demostrado en países como España, que se han visto obligados a sacar a relucir la tijera para recortar hasta límites insospechados el gasto público. Ahora no 'sólo' queda pendiente poner orden en la ‘selva’ financiera, sino que los gobiernos deben recuperar su poder frente a los especuladores. Pero el casino, nunca cierra...
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Otros artículos:
Lo que nos enseñó la crisis (I): nuestra economía
Lo que nos enseñó la crisis (II): los líderes
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