La avaricia de los poderosos y su presión a los gobiernos han dejado en suspenso una necesaria regulación a fondo con la que se haga casi imposible que ocurran sucesos tales como:
- Que dos bancos hipotecarios (Fannie Mae y Freddie Mac) repartan su créditos basura por el mundo e inunden de porquería todos los sistemas financieros por valor de miles de millones de dólares.
- Un hombre apellidado Madoff estafe durante dos décadas (gracias a un prestigio ficticio) a miles de inversores a través de un timo piramidal financiero, con el que llegó a robar 60.000 millones de dólares.
- Los bancos estadounidenses, causantes en gran medida de este crac financiero, repartan entre sus directivos 100.000 millones de dólares en bonus, después de haber recibido fondos públicos o, incluso, haber sido intervenidos por el Gobierno estadounidense.
- Un grupo de especuladores, que apuesten a la baja contra la deuda pública de países, lancen un bulo de una posible intervención de España para que haya un desplome y así se embolsen grandes cantidades de dinero.
Y lo más grave de toda esta desregulación es que, finalmente, los que pagamos el pato somos los que no hemos comprado en nuestra vida uno de esos ‘paquetitos basura’… Los principales perjudicados son los ciudadanos que contemplan cómo los excesos de los poderosos, con el beneplácito de los gobernantes, han hundido una economía basada en una escandalosa especulación.
Hoy los responsables públicos han perdido el control sobre ese casino… La soberanía la tienen otros y se ha demostrado en países como España, que se han visto obligados a sacar a relucir la tijera para recortar hasta límites insospechados el gasto público. Ahora no 'sólo' queda pendiente poner orden en la ‘selva’ financiera, sino que los gobiernos deben recuperar su poder frente a los especuladores. Pero el casino, nunca cierra...
_______________________
Otros artículos:
Lo que nos enseñó la crisis (I): nuestra economía
Lo que nos enseñó la crisis (II): los líderes








0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada